miércoles, 19 de septiembre de 2007

Nuevos Instrumentos


Escuché por ahí a alguien decir que el rock pronto será música del recuerdo. Deseo de todo corazón que esto no sea así, pero la creación de nuevos instruentos, así como de nuevas formas de producir música avalan esta hipótesis.

Este es el "Reactable", un nuevo intrumento que consiste en una mesa con sensores que crea sonido y música a partir del movimiento de generadores, procesadores y sintetizadores. Suena difícil, pero hasta un bebé lo puede usar.Véalo y créalo.

http://www.youtube.com/watch?v=0h-RhyopUmc

martes, 18 de septiembre de 2007

¿La revolución en Latinoamérica?


Mucho se dice de la “Revolución de los medios”: que ya empezó, que los grandes diarios se desmoronarán, que el papel desaparecerá, que en la mayoría de lugares del mundo la gente se conectará a Internet gratuitamente, que el nuevo papel será de plástico y se volverá un soporte de uso masivo. Todo esto en un lapso de 15 años, aproximadamente.

Esto ya parece un sueño febril de algún entusiasta científico futurista del MIT -o, un poco más cerca, de la UNI- que sueña con la consolidación de la tecnología como base de esta revolución, que logrará dar un giro fundamental en el orden mundial y, por supuesto, en nuestras vidas

Internet es la punta de lanza de la revolución, el inicio del cambio, gracias a que en poco tiempo todo el mundo estará conectado, y de forma gratuita. Leo en una crónica de Juan Pablo Meneses[1]que el pueblo de Salamanca, en Chile, ha sido nombrado como el primer pueblo con conexión inalámbrica a Internet, “antes que en París, Nueva York o Buenos Aires”. Todo hace suponer que la revolución empieza en continente menos revolucionario de todos: Latinoamérica.

En la práctica, cuenta Meneses, la conectividad no es tan asequible, debido a que la cantidad de usuarios hace pesado el flujo de información -es casi imposible conectarse después de navidad- y lo torna muy difícil de alcanzar. Incluso expone que fue más la publicidad respecto al hecho que su efectividad ¿Internet para todos, o para nadie?

Otra caballito de batalla es el hecho de que -agárrense fuerte a sus asientos- ¡el papel va a desaparecer! Y su reemplazo es un plástico hecho de fibra de vidrio en donde se pueden cargar y visualizar todos los textos habidos y por haber, además este “nuevo papel” se hará de uso masivo, y le diremos adiós a los pesados e incómodos libros impresos.

Vayamos por partes, mejor. Hagamos memoria de lo que dijeron los futurólogos amantes de la polémica cuando nuevos inventos veían la luz: Cuando salió la fotografía, dijeron adiós a la pintura; cuando salió el cine, adiós al teatro; cuando salió la TV, adiós al cine; etc. ¿Algo hace pensar que esta vez si será la vencida y por fin nos desharemos de ese soporte anticuado llamado papel? No lo creo.

Además, echemos un ojo a nuestra realidad: Plan Huascarán, el caso de Salamanca, Laptops de $100 para los estudiantes, etc. ¿Alguno de estos proyectos ha tenido resultados positivos en nuestra sociedad latinoamericana?; ¿en verdad estamos preparados para recibir con brazos abiertos a la “revolución de los medios”, y poder sacarle provecho?; ¿de qué sirve prestarle especial atención a la tecnología de punta, si la base de los recursos humanos, la educación, es dejada de lado?

Viendo como están las cosas, al final, pienso que Latinoamérica brindará feroz resistencia a la revolución –para alegría de los amantes de los libros “a la Gutenberg”, entre los cuales me incluyo-. Una revolución que, si bien está empezando a ser patente, tomará mucho más tiempo del que los científicos trasnochados esperan. Y si en su mira está Latinoamérica, sugiero esperar sentados.


[1] Etiqueta Negra No.51. “El primer pueblo wireless”, por Juan Pablo Meneses.

http://www.youtube.com/v/aD4XtZqJu-U

lunes, 3 de septiembre de 2007

Plaza San Miguel

Bajo del micro en el cruce de las avenidas Universitaria y La Marina. Noto la enorme cantidad de avisos publicitarios que me rodean: telefonía móvil, electrodomésticos comida, cine, gimnasios y muchos negocios más. Los publicistas saben de la cantidad y tipo de gente asidua a este centro comercial, y aprovechan para bombardearlos lo más que pueden.

Empiezo a caminar y recuerdo cómo de niño venía a caminar con mi familia. La Plaza tenía casi el mismo tamaño, aunque menos personas, menos negocios y ningún edificio de más de dos pisos. Era pues, un lugar tranquilo para caminar, relajarse y pasar un día en familia.

Ahora es casi imposible caminar despacio por aquí. Se tiene que caminar a la misma velocidad del resto de personas (que usualmente están apuradas, quién sabe por qué razones) si no se quiere terminar golpeado, pateado o pisoteado.

La cantidad creciente de negocios es proporcional a la cantidad de personas (consumidores). Mientras más tipos de negocios son creados, más personas van a comprar; y viceversa. Esto hace que en este momento se están construyendo nuevas tiendas, y quitando espacio para transitar a pie.

En casi todas las esquinas encuentro cajeros automático (los bancos ya pasaron de moda, sólo hay uno). Y dentro de cada tienda encuentro simpáticas señoritas, que una sonrisa me invitan a tener una tarjeta de crédito.

¿Sociedad de la vigilancia? Es un alivio saber que no vine en carro, sino tendrían un registro que incluiría, además de la matrícula de mi auto, cuantas veces voy al centro comercial, qué días voy, a qué hora, cuanto tiempo estoy, etc.

Felizmente no tengo ni tarjeta ni auto, no estoy vigilado, me siento libre…hasta que mi instinto me hace levantar la mirada y veo las cámaras de vigilancia, moviéndose de un lado a otro mientras graban cada segundo de mi cara de desilusión.

Tiendas de ropa se confunden con restaurantes, puestos de venta de discos compactos, shows infantiles y un cine en el cual se tienen que hacer colas inmensas para poder ver alguna película made in Hollywood.

La plaza San Miguel es ahora un lugar para dejarse atrapar por ese movimiento vertiginoso que implica “2x1”, “% de descuento”, “pague con su tarjeta…”, “afíliese a…”, y que te invita a comprar todo lo que puedas en el menor tiempo posible, antes de que se termine la promoción, el descuento o el fin de semana.

Del tranquilo y relajante paseo familiar no queda (casi) nada. Hacia el final de mi recorrido extraño la Plaza San Miguel de mis recuerdos, mientras hojeo la revista que me acabo de comprar, saboreo un café humeante –muy bueno contra el frío- y me prometo que vendré al cine el próximo fin de semana.